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#1 Misiones de un desconocido. el Jue Mar 27, 2014 2:48 pm

Hacía poco había llegado a Sunagakure; después de tanto tiempo, aquél hogar provisorio al que nos habían mandado a mi madre, a mi hermano y a mí no había cambiado en nada. Era un desconocido en Sunagakure para estos días. Tenía allí a mi tío, y quizás, tan solo quizás, Ryu se encontrara allí. Mi querido hermano menor, a quien hacía tanto tiempo no veía; aquella cabellera plateada que veía tan lejana a poder acariciar como antes, poder golpear de manera amistosa, aunque lo más seguro era que ya fuera un hombre hecho y derecho. Si mis cálculos eran correctos, y soy muy malo en matemáticas, debería de estar rondando fácil los diecinueve años de edad, y seguramente ya tenía un rango ninja elevado, y yo, su hermano mayor, ostentando actualmente el metro setenta y nueve y una cabellera rubia ceniza que detesto y mis setenta y ocho kilos por debajo del índice "normal", seguía teniendo el rango de Genin en Sunagakure, aldea en la que me gradué de la academia ignorando mi procedencia: país del agua.

Nadie me reconocía, solo me miraban mientras iba caminando alrededor encapuchado y oculto hasta más abajo de las rodillas, con calor y sudando levemente por la espalda. Mis rodillas golpeaban con aquella tela gruesa de color marrón frotándose con la fina tela del pantalón... Era algo realmente molesto. El típico calzado utilizado por los shinobis y kunoichis siempre fue de mi desagrado, nunca me llamaron la atención, pero por su practicidad en aquellas tierras áridas de el país del viento, iba con los pies y la parte superior de mi cara totalmente desnudos. No tenía una banda protectora, no sé qué sucedió con ella luego de mi graduación, si la había perdido, o qué. Quizás aún estaba en los posibles restos de nuestro antiguo hogar, por el cual no pasaría. El mío ya no era nada más que la naturaleza, las cuevas húmedas repletas de agua, con comida ya preparada que no sabía de donde había salido tras un largo y profundo sueño vacío y unos recuerdos cortos de pesadillas terribles al finalizar. Mi vida pareciera ya no ser mía. Parecía pertenecer a alguien más, y al parecer, parecía pertenecer al tal Tigre Dorado de la Ventisca. ¿Quién?... ¿Qué era? Dos de las tantas preguntas del millar que me había formulado durante tanto tiempo, dos preguntas rebotando en el vacío de mi mente cada vez que en la noche me ponía a reflexionar, cada vez que me disponía a dormir con temor, y con cada dolor de cabeza que usualmente terminaba en un desmayo y un despertar en una nueva locación. Raro me parecía que aún no hubiera caído otra vez en uno de aquellos profundos sueños, o uno de aquellos infernales dolores de cabeza.

Cada paso solo me ponía más incómodo, y más pequeño al ver aquella estructura colosal al fondo; el edificio del Kazekage era lo único que siempre me había llamado la atención de Sunagakure, como en la gran mayoría de las aldeas en las que había estado gracias a aquellas incursiones con mi padre; este era un lugar que no teníamos permitido hacer ni el más mínimo desorden por ser el hogar de Ryusen, mi tío. Una enrome estructura que pareciera ser hecha de barro, agrietada, que no había cambiado en nada, con ese característico color marrón, antiguo, que hacía desviar todas las miradas de los jóvenes, y cómo no lo haría, si era lo primero que podías ver a lo lejos y bien cuando entrabas a Sunagakure, y si no veía al piso mientras más me acercaba, la nostalgia me invadía, y una presión abismal en el pecho. Me traía el recuerdo de mi madre... Entrenando a Ryu... Una imagen borrosa, muy distorsionada, que me hacía sacudir la cabeza y mirar nuevamente hacia el suelo hasta que me aburría, veía los alrededores, las personas, y el edificio volvía a llamar mi atención.

- Quieto... - escuché de una voz grave y profunda, demasiado autoritaria para mi gusto, con un tono de máximo regaño y como si de un vándalo se me tratase; aún tenía la vista en el suelo. Observé como dos inmensos pies se colocaban frente a mí. Mi rostro estaba casi totalmente oculto, así que era normal el que me trataran de ese modo al ser prácticamente un forastero de aquellas tierras. - ¿Quién se supone que eres? ¿Qué quieres? - Alcé la cabeza y retiré mi capucha, removiendo un poco de frente a mis ojos mi cabello y observé a los ojos a aquél hombre. Una cara demasiado familiar aún para haber estado tanto tiempo fuera. 

- Hola, Shinji - dije con una amplia sonrisa con los ojos cerrados, moviendo un poco la cabeza y haciendo bailar mi cabello. Era mi antiguo maestro cuando la Academia. Un tipo que jugaba al rudo pero era más blando que un plátano medio podrido. Una barba de pocos días cortada a propósito siempre por debajo del labio, sin patillas visibles, y una cicatriz cruzando por su ojo izquierdo. - ¿qué tal grandulón? 

- ¡Apos! - rió el gigante mientras me tomaba de el cuello con sus brazos y comenzaba a frotar sus nudillos en mi cabeza, mientras yo me dejaba hacer a pesar del dolor y simplemente reía débilmente apoyándome en un solo pie y con los brazos extendidos. - Cuánto tiempo pequeño diablo... Se ve que aún no aprendes a respetar a tus maestros... ¿Cuándo comenzarás a llamarme sensei? - terminó con ello la amigable tortura y me soltó, con una sonrisa. Se ve que los años lo habían ablandado aún más.

- He estado por el fin del mundo... Me alegra verle bien, Sensei... - dije con una amplia sonrisa dándole una alegría al vejestorio de ya cincuenta años fácil, y éste lo tomó para bien dando un amistoso golpe en mi hombro. Por desgracia no sabía medir la fuerza. Comenzó a punzar. Pronto me vengaría. -  Y bueno, vine a ver a mi tío, ¿está aquí ahora? - pregunté.

- Por desgracia, él no se encuentra aquí, pero si quieres puedes esperarlo adentro... ¡Pero, oye, tu hermano sí! También fue mi alumno... Aunque... Él... Tiene amnesia, y no sabe nada de ti... Bueno, Ryusen te explicará apenas te vea. Te dieron prácticamente por muerto, se le ocultó tu existencia a Ryu por su condición... El viejo decidió que era lo mejor. Te recomendaría no le des una sorpresa... Nadie te delatará... De momento.... - calló al ver mi expresión pensativa.

- ¿Qué cara...? - no podía creérmelo; mi mirada más seria se colocó, y la frase no se terminó por la presencia de Shinji. Recapacité. Yo había desaparecido, y hasta casi que me dieron por muerto. Nuestra madre había muerto. Si tenía amnesia, era lo mejor que no me recordara, algo sobre la mentalidad humana y los traumas psicológicos que no entendía bien, pero que era mejor mi hermano pequeño no tuviera. Por más que me doliera el no poder tratarle con el cariño que quería, tendría que aceptarlo. Los mejores consejos eran los de mi tío, él tenía ganado el puesto de sabio por algo, no siempre tomaba las mejores decisiones, pero considerando todos los factores, lo que había decidido era lo mejor. Mi expresión cambió nuevamente. Volvió a una serenidad, paz y alegría total. - Está bien. Confío en las decisiones del viejo. ¿Puedo pasar? - el gorila se sorprendió al ver el rápido cambio de actitud que tomé.

- Claro que puedes, pero quédate quieto hasta que te vea tu tío. No te metas en problemas. - dijo, liberándome el paso. Agradecí, dándole el gusto nuevamente de llamarlo "sensei" y emprendí viaje hasta el interior del edificio. Fui llevando las manos hasta mi cabeza y tomando la capucha del tapado para colocármelo, recibí una palmada que me hizo perder el equilibrio pero recomponerme de una forma cómica - Nada de capuchas. - "joder, más viejos, más decrépitos y más histéricos" pensé tras observarle estando yo de espaldas y él viéndome con una amplia sonrisa. Retomé el paso y me adentré en el lugar.

Hacía mucho que no caminaba por ahí dentro, y hacía mucho que no recibía órdenes, y no sería el primer día que las desobedecería. Recorrí los húmedos pasillos guiado por la memoria, y encontré el lugar que buscaba. La sala de misiones. Toqué la puerta y esperé aproximadamente tres segundos antes de abrirla descaradamente. Estaba oxidado en el tema de las batallas, y una de las cosas en las que me destacaba en la Academia, era en desobedecer a Shinji Inuzuka. Me adentraría en mi primer misión en años. Seguro mis papeles se habían perdido con el tiempo para que Ryu no sospechara nada, pero aún así, seguro alguien me daría una mano ahí dentro sin dejar lugar a sospechas para poder hacer mi misión, si aún seguía ahí uno de los idiotas que solían rondar por la sala con el que había formado gran amistad.

Y allí estaba, alguien que me ayudaría a pasar desapercibido. Era Kaien Senju. Un Chunin en mis tiempos que me había ayudado mucho en mis tiempos de escolar y que había conocido en una sala de té de Sunagakure, quien solía ayudar a uno de los encargados de turno. Estuve un buen rato hablando con él de idioteces tras un soso y emotivo reencuentro. Hablamos de todo lo que nos había pasado con los años, reímos, le comenté de mi reencuentro con Shinji, y sobre lo que estaba haciendo en la sala, que era buscar una misión. Me preguntó que si había hablado con Ryusen de si sobre acaso podía tener acceso a alguna, él confiado me la dio cuando le mentí que sí. Ahora solo faltaba esperar a alguien que me acompañara, un Jouni, quizás.

Off: Pido misión, narrador libre.







 -- Expediente --

Atributos con bonificación:
Fuerza: 4
Agilidad: 4
Manipulacion de chakra: 4
Percepcion: 4
Reacción: 4
Resistencia: 4
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#2 Re: Misiones de un desconocido. el Jue Mar 27, 2014 4:52 pm

Narracion: Jounnin de Suna.


Aquella sala parecia un cuarto de juegos ya que solo se oian cuchicheos dentro y fuera de l amisma, un desorden total, tras la llegada del desaparecido gennin, aquel que un dia fuera famoso entre los ninjas de su generacion....Apos Kaguya, valiente al aparecer asi sin mas, pero bueno ultimamente parecia estar de moda el desaparecer.

Tras la llegada del chico era facil deducir a lo que venia por lo que sin mucho redondeo se le dio entrega de una importante mision, era nada mas ni nada menos que una escolta personal, pero no cualquiera como para que un gennin fuece solo, por lo que solo esperaban el arribo de uno de los jounnin de Suna. Que tras unos intantes arribo.

-Asi que tu eres quien vendra..... Bien vamonos. -

Fueron breves y cortas las palabras del shinobi que hizo precencia, ni un nombre, ni nada solo asi.


Off: Los Detalles los dare en el post de inicio de la mision, crea el tema en el cementerio de suna.

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