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#1 Misión: Los tres bandidos el Vie Abr 04, 2014 9:09 pm

Misión: Los tres Bandidos.

El sol brilla radiante sobre el firmamento. Un cielo resplandeciente, celeste y descubierto sin ninguna mancha blanca en toda su extensión visible. Una leve brisa refrescante recorre los bosques de la salida y entrada de Konoha, arrastrando hojas y ramas en el suelo, llegando hasta la puerta de la aldea y recorriéndola completamente a ésta. El sol no produce el suficiente calor como para fatigar a alguien, como para hacer que la tierra se raje, o como para hacer que alguien use una gorra, un día sencillamente perfecto, climatológicamente hablando. Las personas recorren alegremente las calles, comprando y charlando sobre sus vidas, sobre los acontecimientos en las aldeas, mientras que otros juegan, o simplemente, cumplen sus deberes trabajando, ya sean shinobis, kunoichis o comerciantes estafando a las personas en la mayoría de las ocasiones. Los animales reposan tranquilamente o acompañan alegremente a sus amos de un lugar sin ninguna preocupación.


La mayor parte del día, Udein dormía; un shinobi egresado de la Academia con el mínimo esfuerzo por su habilidad nata en el ninjutsu y su control del kekkei genkai de su clan: el Sharingan. Udein era uno de los pocos que poseyó a temprana edad el Mangekyö Sharingan al presenciar distintos actos espantosos durante la invasión de Kirigakure, entre ellos, la muerte de su familia completa cuando apenas tenía doce años. Logró salir de la Academia a los catorce, debido a la depresión que le impidió la eficiencia en los estudios, aunque pasada la tormenta que su alma y mente sufrían, gracias a sus habilidades, salió en poco tiempo de ésta con el rango de Gennin. Los exámenes de ascensión de rango fueron fáciles para él, y tras ascender al rango de Jounnin decidió darse un año sabático que acababa de culminar.


Diez años desde la tragedia habían pasado, y las estresantes misiones que un año atrás había cumplido volvían a sus manos. Apenas había salido de su casa descalzo y vestido como vagabundo encontró un pergamino sobre la viga del toldo frontal de su casa, “vaya forma de entregar una misión”, pensó. En aquella se destacaba la información de dirigir a un miembro en solitario de un equipo de la aldea, lo último que necesitaba era ser niñero. Bostezó a la vez que lanzaba de espaldas el pergamino hacia el interior de su casa y comenzó a vestirse. Un equipo básico, el típico chaleco verde de la hoja, una playera sin mangas que dejaba ver sus levemente marcados brazos y una pescadora azul. Se calzó, y salió con su banda protectora atada al brazo derecho fuertemente, dejando la casa con la puerta cerrada pero sin cerradura alguna, no había persona sana en el mundo que pensara que hubiera gente allí, y menos, algún tipo de material para robar, él solo tenía una cama, una mesa, una silla y una cocina a gas; los elementos del aseo brillaban por su ausencia en la parte alta y abandonada del antro al que llamaba hogar, repleto de mugre, insectos atrapados en seda por montones y arácnidos asquerosos de dimensiones colosales. Nadie entendía como él podía vivir en ese lugar, según él solo necesitaba un lugar donde pudiera dormir protegido y comer tranquilo.


Bajó hecho un muerto viviente, con las ojeras a la altura de la boca. Sus ojos estaban rojos, su cabello despeinado y grasiento tanto como su piel. Iba deslizándose sobre el suelo de hormigón, agradeciendo que no estuviera caliente como hacía unos días y por aquella brisa refrescante que acariciaba su piel. El punto de reunión le sentaba perfecto para el día, que era el Bosque de la Muerte, donde había un enorme lago para poder lavarse la cara.


Pisó la calle y no puso mucho esfuerzo en llegar. Fue por lo menos levantando los pies a un paso exasperante, con las manos en los bolsillos, mirando siempre al frente y sin saludar. La gente del lugar miraba extrañada, no podían creer que había salido por fin del lugar vestido como debía, aunque aún muy desarreglado. Era asqueroso verlo, y el olor que provenía de debajo de sus axilas y su espalda, era algo que no se notaba fácilmente, pero que si uno se ponía a olfatear detenidamente, podría asquear hasta a un zorrillo.


El camino fue igual para él, todo era muy monótono. Lo único que hizo en el camino parte de caminar con las manos en los bolsillos fue mover su cuello de un lado a otro haciéndolo tronar. Era la personificación de la decadencia.


Entró al bosque y lo primero que hizo fue dirigirse al lago, se lavó la cara y las axilas sobre el pequeño muelle, dejando caer toda el agua nuevamente al lugar de donde había provenido. Luego se movió un par de metros hasta la sombra de un enorme roble y allí se acostó, sin apoyo ninguno, completamente horizontal en el suelo, entre los grandes pastos verdes del lugar.


Off: de aquí salimos directamente hasta el valle; expláyate con tranquilidad.

 







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#2 Re: Misión: Los tres bandidos el Sáb Abr 05, 2014 9:50 am

El ruido de la puerta corrediza hizo que los pájaros que picaban la madera del suelo buscando algún insecto, salieran volando instantáneamente. De las sombras una silueta con ambos codos levantados y las manos fregándose los ojos, salía koei con un gran bostezo caminando hacia el tendedero para buscar sus ropas ya que obviamente no podría andar por allí con su pijama estilo kimono de color azul. Al andar los primeros pasos fuera de la puerta pisó un sobre con una nota dentro, que solamente daba un lugar y una hora, por lo único que sería para tomar enserio la citación, era el sello de la oficina del hokage. Mas que rapido Koei tomo sus ropas de la cuerda y se vistió con su típico traje de un hatake shinobi.

Tomó rapido su té de hiervas mientras terminaba de aprontar su bolso ninja en la cintura, cambio sus sandalias y cerrando la puerta se puso en marcha hacia aquel lugar a toda prisa, trepando por la cerca y dirigiéndose fuera de la gente, por sobre los techos de la aldea. A un paso veloz atravesó la villa casi inmediatamente. al llegar a la puerta de la aldea, y ser puesto en aviso por los anbu que cuidan la puerta, mostró el pequeño papel con el sello, y se le fue permitido pasar. Viendo cerrar por fuera las puertas de konohagakure tuvo un breve flashback de aquella vez en la que llegó a toda prisa a solicitar ayuda, dejando su equipo a su fatal suerte.

Tras sacudir la cabeza y alejar los fantasmas de una vida pasada, Koei emprendió el viaje rápidamente hacia el lago adentrado en el bosque, que se iba haciendo mas oscuro cuanto mas dentro se estaba. Al divisar el claro del lago se detuvo y rodeó un poco la orilla para observar el panorama, y ya que no veía a nadie allí bajo al suelo y se acercó al agua. Comprobando que aunque no muy sabrosa el agua era potable llenó su cantimplora, y se mojó el cabello un poco; para ir a sentarse sobre un árbol que daba claramente al muelle mientras esperaba a su contacto.

Tras un rato apareció una figura casi desaliñada completamente, con un andar vago que parecía hasta no producir ruido al andar, por que daría mucho trabajo. Koei quitó la vista de su libro "Los Grandes de konoha y sus hazañas" y leyó nuevamente la nota al sacarlo del bolsillo, para corroborar si ese era el lugar, y es que haber esperado tanto y que esa figura se apareciera, lo había sacado completamente de lo que el esperaba. Este hombre se dirigió al agua y ahí dejó atónito a koei cuando a modo de baño comenzó a tirarse el agua encima, para luego de su "baño" ir a tumbarse bajo la sombra de un árbol.

Koei se bajó del árbol que estaba a unos 30 metros del roble y caminó hacia el shinobi tumbado, con un andar suave, su mano izquierda en el bolsillo y sosteniendo su libro en la otra mientras leía. Al llegar cerca del shinobi extendió la mano izquierda con la nota que le daba el lugar de encuentro y dijo: -hatake koei reportándose al deber- mientras guardaba el libro y se detenía a observar los rojos ojos del otro shinobi, que obviamente era un uchiha, lo que rápidamente asocio con su andar su des prolijidad y relaciono al segundo que debía tratarse de Udein Uchiha, un shinobi conocido por llegar a jonnin a una edad temprana, un camino que koei seguia tambien, al haberse convertido en el segundo chunnin mas joven, siendo Udein mismo el primero.



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#3 Re: Misión: Los tres bandidos el Sáb Abr 05, 2014 3:30 pm

Obejas decían que era lo mejor para conciliar el sueño, mentira. Lo mejor que podías hacer era tumbarte a recordar algo de tu pasado por más que duela, te cansas de pensarlo, y duermes como si nada. Era lo que hacía Udein. Fue en menos de tres segundos que cerró los ojos y comenzó a recordar sobre sus padres, sus amigos, su familia... Era demasiado para él, tanto que fue poco tiempo para que lograra dormirse allí mismo, con brazos y pies totalmente extendidos y el cuello torcido, mirando hacia la derecha. Cualquiera que se le ocurriera atacarle, tendría una buena oportunidad para asestar un golpe mortal, era difícil despertarle a la primera. Estaba soñando plácidamente con lo único que aún le mantenía con vida: la comida. Cientos de postres y aperitivos volando alrededor de él mientras intentaba tomarlos desprevenidos en una pradera de masa.

No podía tomarlos, y eso fue lo que lo despertó después de quejarse un poco, además de escuchar un par de pasos acercándose, y una voz muy peculiar. Al parecer el muchacho por fin había llegado para que pudieran comenzar con la misión. Se levantó con pereza, solo la mitad del cuerpo. La falta de abdominales casi invisible lo estaba matando, así como su vista borrosa tras un sueño corto, simplemente lo dejaba más perezoso que de costumbre. Volvió a rascarse la cabeza. La caspa de su cabello se juntaba debajo de sus mugrientas y largas uñas. Bostezó, dejando que el muchacho pudiera ver toda su garganta, de donde se despedía un olor asqueroso, metálico. Lo miró por unos segundos, sin decir nada, quitándose la caspa de debajo de las uñas. Se hubiera presentado o no, olía a Hatake por todos lados. Koei era su nombre... Un Chunnin que había ascendido rápidamente al rango que poseía, "prometedor", según el informe que le habían dado sobre él en el pergamino de la misión.
 
Pasaron cinco segundos antes de que siquiera se dignara a decir algo. Simplemente lo observaba a los ojos. Se levantó con esfuerzo, apoyándose en un muslo, tambaleó un par de segundos y se quejó; comenzó a estirar sus músculos, hacía tiempo que no entraba en ningún tipo de misión, y todo mundo sabe que el calentamiento era importante. 

- Bien... Koei, mi nombre es Udein, y estaré acompañándote en esta misión - dijo alegremente, con una sonrisa en el rostro. A pesar de todo, era una persona amigable. Era algo por lo que la gente le quería a pesar de su condición (por elección). Siempre solía vérsele una sonrisa en el rostro, a no ser que apenas se hubiera levantado o no hablara con nadie, eran los únicos motivos por los cuales podía vérsele sumido en sus pensamientos y nada más. No quiso darle la mano al muchacho tras las escenas que seguramente había visto anteriormente, así que nada más la levantó. En su palma izquierda, podía verse una cicatriz que recorría todo el ancho de su mano. La cerró levemente al darse cuenta, mirándola preocupado, odiaba que le preguntaran de dónde había salido, su sonrisa se desvaneció en una mirada nostálgica mientras la bajaba. Chistó y volvió en sí, se formó una pequeña sonrisa en su rustro nuevamente y volvió a hablar sin reparo - ¿Estás listo para partir? Recuerda, esto no es un juego... En esta misión, podríamos llegar a morir, ambos.... - dijo. Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el lago - Discúlpame un momento... - se agachó en la orilla y sumergió completamente la cabeza. La revolvió dentro con los ojos cerrados y la sacó al instante, chorreante. Sacudió su cabeza, así como si de un perro se tratase y se levantó - ¡¡Wuuu!!! - exclamó, a la vez que volvía a sacudir la cabeza mientras se acercaba a Koei, esta vez solamente salían despedidas un par de gotas en todas direcciones, que quizás le habían mojado. - Disculpa si te mojé... - comenzó a caminar como una persona normal al fin, con un paso lento pero confiado. La grasa de su cabello y su rostro parecían haberse desvanecido totalmente por el agua. - Vámonos, Koei... - Dijo cálidamente, hablándole al aire, rezando por que lo oyera. Parecía una persona más confiada y prolija, el cabello estático de hacía unos momentos, un poco largo y cayéndose por los costados, había quedado más presentable, pero era cuestión de tiempo para que volviera a arruinarse. Siguió el sendero hacia la salida, haciendo un gesto con la mano como si dijera "ven", que estaba bien delimitado, un camino de tierra, parecía casi obra de la naturaleza, y de magia el estado en el que Udein ahora se encontraba. 

Comenzó a hablar, mirando hacia adelante, seguro de que Koei estaba detrás de él.

- Hace mucho que no hago algo de ésto, así que discúlpame si llego a resultar un tanto inútil... En fin... Vamos al Valle del Juicio... Dime, ¿sabes de qué va la misión? - dijo con una sonrisa, mirando hacia atrás, pero con los ojos cerrados. La confianza era tal, en sí mismo y en el camino, que haría que pronto tropezara con una rama si no prestaba atención. ¿Cómo una persona que había pasado por lo que él pasó tenía esa actitud? Era algo que todo el mundo que lo conocía bien en Konoha se preguntaba.


Off: mantengo la fuente original solo por un tema de prolijidad, si te molesta, me lo dices.
A continuación narra el camino por el valle, puedes utilizar libremente a Udein ^^







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#4 Re: Misión: Los tres bandidos el Dom Abr 06, 2014 8:05 pm

Parecia increíble que fuera el mismo shinobi del que habia oído, apenas si se pudo levantar con mucha pereza, la caspa de su cabello caia notoriamente mientras se razcababa, sin mencionar que su aliento parecía el de un oso en ibernacion.

Ante el saludo koei se encogió de hombros y sonrió ya que no sabia de que otra manera contestar a tal figura contrarrestada por su sonrisa y cara de apacible y amigable. Al divisar la mano y el gesto rapido de ocultarla permanecio inamovible suponiendo que el brusco cambio de ezpresion y el esconder la mano, supondrian un tema incomodo para que preguntara el porque reaccionar asi. Pregunto si koei se encontraba listo a lo que antes que pudiera contestar, le aviso de la importancia y el peligro de la mision, a lo que la aun estatica reaccion de koei no afectó como si para el no tuviera importancia alguna, y permanecio observando silenciosamente como su compañero se metia completamente de cabeza en el agua para salir transformado en otro tipo de persona. Del agua, éste salio directamente caminando y le llamó para seguirlo; asi que sin mas koei con un paso tranquilo siguió al uchia caminando unos escasos pasos por detrás a su izquierda, con ambas manos en los bolsillos, sin mencionar una palabra ni revelar algún tipo de expresión en su rostro. Tan solo esperaba ver la desenvoltura del viaje, y conocer el objetivo de la mision.

Depronto el silencio se rompió con udein utilizando un tono sereno y amable, preguntadole a koei  si sabía que le deparaba la mision, y mencionando que se hallaba oxidado, algo que a koei, que acostumbraba a actuar solo, no lo supondria realmente una diferencia. Cuando menciono el valle del fin, Koei logró ver hacia donde los pasos de udein lo dirigian, alcanzó con un simple trote el paso de udein y lo detuvo del tropieso.

Continuó caminando a su izquierda mientras sacaba del bolsillo nuevamente la nota que fue dejada en su casa y dijo -No tengo ni idea de que trata, solo me dijeron que estuviera aquí hace un rato, para encontrarme con alguien que me informaria de mi misión. De hecho tampoco sabía que iría acompañado, pero claro no es molestia.- ladeando la cabeza y mirando al horizonte como si examinara algo - aunque ahora me genera intriga el porque mandarían a un talentoso shinobi prodigio fuera de forma y en inactividad, junto a un ninja joven del que se duda si es merecedor del rango a tan corta edad. Que tipo de mision requeria estos perfiles es la incognita que mas me intriga- agregó en un tono muy suave, casi inaudible como si estuviera pensando en voz alta y sin darse cuenta se hubiera oído todo.

Mientras salian del bosque se podía ir divisando el claro, que marcaba la salida de dicho bosque, y no muy lejos mas allá se divisaba la niebla que cubre al valle, y como se iba tornando todo oscuro en cuanto se alejaba del bosque mismo.



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#5 Re: Misión: Los tres bandidos el Lun Abr 07, 2014 3:17 pm

Mientras ambos shinobis caminaban, la visión se iba dificultando. La niebla escurridiza del Valle del Fin comenzaba a esparcirse entre los árboles. Como si la naturaleza jugara, podría decir fácilmente cualquier persona que tenía una deficiencia de visión de toda la vida, a pesar de la que Udein tenía en una muy baja y nada preocupante medida, levemente empeorada por el uso de su Kekkei Genkai. El bosque se hacía más denso, el ambiente frío y sombrío no hacía nada más que congelar los huesos, podían verse ramas deshojadas que hacían que cada tanto Udein necesitara agacharse y hacerlas a un lado. El ruido de las ramas caídas y secas al igual que las hojas de los árboles que habían perecido, así como los sonidos que realizaban los animales silvestres era realmente preocupante, podían sentirse movimientos por todos lados, y Dios sabrá si no eran un par de ninjas enemigos al asecho. El camino fue silencioso, Koei no había dado mucha charla, ni Udein, quien aún continuaba algo dormido, pero alerta, viviendo el momento entre el caos de su mente y la realidad. Lo que tenía en mente fueron las últimas palabras del muchacho, se había sentido halagado por el cumplido de “talentoso”, pero bien él sabía que era todo menos eso, y que sólo por ser el poseedor de un Sharingan en uno de sus estados más poderosos tenía el rango que tenía, era nada más un Jounnin por ser un raro fenómeno entre los fenómenos, acompañado de alguien que creía que desmerecía el cargo de Chunnin que poseía. Se carcajeó en el medio del bosque que parecía inhóspito por el humano mientras continuaba caminando.


-            Creo que es más que obvio, Koei… - dijo, con una sonrisa en el rostro. Aminoró el paso y se puso justo al lado del muchacho que le acompañaba – Simplemente nos quieren probar a los dos, ¿no crees? Quizás yo tampoco me merezca el rango de Jounnin… Y seguro tú te lo mereces, la edad no demuestra mucho, a veces… Seguro que es algo más… Pero creo que podremos hacer algo para demostrar al Hokage de lo que estamos hechos… ¿O no, Tigre? – dijo mientras golpeaba amistosamente el hombro del muchacho. Quería de cierto modo romper un poco más el hielo, ya que casi todo el trayecto había sido algo incómodo quizás para él, después de todo, era solo un muchacho, aunque algo serio.
-            De acuerdo al pergamino que me han dado… - prosiguió tras unos segundos – Que te dejaría darle una ojeada si lo tuviera encima, hay tres ex miembros de una conocida banda de ladrones de Kirigakure que han desertado de la misma, crearon su propia banda con simples ladrones y algún que otro ninja de quiensabecuál aldea ; se han establecido en el Valle hace poco en una localización desconocida. Comerciantes de todas las aldeas que pasaban por el lugar han sido asaltados, y el caso ha pasado a nuestras manos. Nuestra misión es: darles caza, atraparlos, y llevarlos ante autoridades competentes, y como mucho – hizo un breve silencio mientras se aclaraba la garganta, la idea le molestaba en cierta forma – matarles. – suspiró. – Los saqueos de los bandidos son realizados en la mitad del camino, por lo que pensamos que su “base” se encuentra en los alrededores. El primer tramo será seguro, allí es donde nos encontraremos con el equipo necesario para llevar a cabo la misión satisfactoriamente, está claro que no atacarían a un par de shinobis. – corrió una rama del camino – Como datos extra, podría decirte que hay una gran posibilidad de que sean del clan Kaguya, así que no será fácil un combate cuerpo a cuerpo con ésos bestias, pero lo que sí es seguro es que son realmente peligrosos, así que no te lo tomes a la ligera. Hay un par de detalles más sobre la misión que te diré apenas tengamos el equipo necesario. – suspiró una vez más, se cansó de hablar tanto, ¿desde cuándo se había hecho una persona responsable? – ¿Alguna pregunta?
 
El Valle se encontraba ya a pocos metros. Era algo más lúgubre que el bosque, no se veía casi vida. El camino era prácticamente llano, y sin vida aparente, era lo que se veía. La niebla, densa, permitía una visión de hasta unos cincuenta metros máximo, menos que podrían ver si un alma humana o no rondaba el lugar. Udein sabía bien qué les esperaba, se había enfrentado a aquellos bandidos en la invasión, pero no quería decir nada. Se preguntaba realmente qué era lo que quería de él el Hokage, seguramente, pensaba que sería un trabajo fácil, porque conociéndole se ahogaría en la furia, y los haría arder, al igual que lo sabía Shion.
 
El shinobi de setenta y ocho años, Jounnin élite que había sobrevivido a la invasión también había sido asignado a ésta, que se negaba rotundamente a jubilarse, de habilidades incomparables aunque no reconocidas, una verdadera leyenda que nunca tuvo reconocimiento genuino en la historia de Konoha, maestro de los maestros. Ni siquiera Udein lo sabía, y se veía que la confianza que tenían en este último no era la suficiente. Lo perezoso que era Udein no era nada comparado con la senilidad que tenía el propio Shion, su antiguo maestro y de quien aprendió esos hábitos inmundos. Ostentando el metro sesenta y de larga barba, que hasta su cintura llega, con una reluciente y grasosa calva con el cabello revuelto y estático que hasta a sus hombros lleva, canoso y arrugado, desnutrido, quemado por el sol e intolerante al uniforme de la aldea. Con ropas andrajosas, y con un olor a alcohol que a cualquiera le haría vomitar apenas sentirlo (cosa que ya había pasado… Más de cincuenta veces).
 
Recostado en una carreta de madera se encontraba, con una cantimplora de calabaza hueca que todo el mundo conocía con el kanji de la vida, con un contenido más que obvio dentro, su preciado “Brebaje Místico Sagrado”, supuestamente creado por el mismo, que muchos suponían y afirmaban que no era nada más que sake. Su seriedad siempre fue poca, a menos que la batalla se librara. Alegre y atrevido, compañero, y más que nada amigo. No tenía casa alguna, era más que un ninja un vagabundo olvidado por muchos que nadie respetaba ya, del que al parecer querían deshacerse pronto con lo que estaba por venir. Bebiendo con un sombrero de ala ancha que Dios sabrá cómo ha conseguido, custodiando al animal de carga favorito de los campesinos japoneses: el buey. Hablaba con él, como si pudiese escucharle, le palmeaba, la irracionalidad y la poca cordura que al hombre le quedaban (así como sus dientes) era impresionante.
 
-            ¡¡Sííí!! *hip* - se tambaleó, sentado, y le dio una palmadita al buey - ¡Ya te lo he dicho, Kasumi!¨*hip* ¡Él *hip* pronto vendrá! *hip* - se movió un poco y cayó de pie al suelo, se movió tambaleándose hasta la cabeza del buey y acercó su boca al oído de éste, y con una voz suave y áspera, comenzó a susurrarle – Y él… *hip* Bueno… Es un niño bonito *hip*… Bien como para ti *hip* - el buey hizo un sonido de desaprobación. Hasta el pobre animal reconocía la locura del anciano. Éste se alejó alzando las manos, tambaléandose de espaldas e intentando reincorporarse – ¡¡Está *hip* bien!! Yo *hip* sólo quería hacerles un bien… *hip* Ambos son encantadores *hip*… ¡Al igual que yo! – rió de forma desquiciada mientras volvía a su posición, recostado sobre el cargamento en la carreta, cerca del buey, de frente a la entrada del Valle. Suspiró y dio otro sonoro sorbo… - ¡Ya verás como Udein *hip* Uchiha *hip* vendrá! – levantó un brazo y pudo, de alguna mágica forma, ver una silueta a lo lejos. Supuso inmediatamente que era él y gritó - ¡Ahí está, jajajaja! *hip*
 
El alumno de Shion realmente se encontraba cerca. Solamente escuchó un murmullo del grito del anciano. Koei viviría un reencuentro realmente extraño.

 
-         ¡¡¡Udein!!! - gritó el anciano.


Off: bueno, lo siguiente que ocurrirá es que atacarán un par de shinobis, comúnes, equivalentes a un Gennin, los derrotarás fácilmente con la ayuda de Udein a quien podrás utilizar. Luego de eso se te revela que se harán pasar por importantes comerciantes para ser capturados por la banda del Valle, donde Shion será el adinerado del trío, la carnada; luego recorre el camino hasta toparte con uno de los ninjas de la banda (uno de los Tres Bandidos), conjunto a una escolta de tres shinobis de nivel Chunnin.


Puedes utilizar a Udein con libertad, de momento puedes usar hasta el nivel tres de los ninjutsu del elemento fuego. Protegerás a Shion. A estos shinobis (cualquier de ellos) que han aparecido puedes o bien matarlos, dejarlos inconscientes y esconderlos en algún lado (atados, por supuesto), en la carreta tendrás todo lo necesario además de las mercancías como fachada.


Cualquier duda, mándame un mp.


Expláyate =3 Esto solo es el principio de la misión.


¡Suerte!







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